martes, 16 de abril de 2013

María

- A ver... jugame al que sale hoy.
- ¿Algo más, María?

El empleado hacía la pregunta por costumbre. Sabía que no iba a recibir respuesta alguna. Nada más quería María, solamente que esta vez fuera la vez; que hoy, al fin, se le diera.
María iba todas las mañanas. En el barrio creían que por rutina: se equivocaban. María se levantaba cada día con el presentimiento de que su día finalmente había llegado, era ese que comenzaba.

María siempre jugó. Últimamente era la quiniela. En otra época habían sido los concursos de la televisión. Unos años la habían ocupado las cartas, pero sentía que la suerte y la estrategia no iban juntas. Hubo un obligado pasaje por el bingo y las tragamonedas. Y en su juventud, sin siquiera darse cuenta, el mismo lugar habían tenido los ramos de novia y las cintas en las tortas de casamiento.
María siempre había jugado, pero nunca se la había jugado.
María había soñado con una gran historia de amor, con viajes alrededor del mundo, con una vida sobre las tablas, con que alguien descubriera sus talentos ocultos... pero el destino no la había ayudado.
María siempre creyó en el azar, pero nunca se atrevió a vibrar.

María siempre apostó a los números, pero nunca se animó a apostar por ella.

María prendía la televisión por las noches esperando los resultados. Se le aceleraba levemente el pulso, como si el corazón intentara absurdamente hacerse notar. Quizás sí, quizás el destino se había hecho desear toda su vida (con perdón de la palabra) para llegar triunfalmente. Quizás... no. Suspiraba, era la única vez en el día que percibía el aire dentro suyo.

- Mañana, mañana seguro que sí.

No tenía planes si llegaba a ganar. No era un objetivo lo que la movía: María siempre había esperado que algo sucediera para, al fin, empezar a vivir.

lunes, 15 de abril de 2013

Aquel día

Es invierno, y hay sol.
Escribo apurada porque me tengo que ir corriendo a dar una clase, pero no quería dejar pasar el momento. Él me lo enseñó: escribir siempre que aparezca algo, aprovechar cada ocasión. Él, que ahora me dice desde la cocina "¿Pongo el agua?". "Dale, me tomo uno y arranco" le contesto, en un volumen un poco alto aparentemente, porque Milonga, que hasta recién ronroneaba sobre mis piernas, levanta las orejas y me mira de reojo. Se acomoda como refunfuñando, quedándose conmigo a pesar de que la desperté.
Es invierno.
Yo odiaba el invierno. Sigue sin gustarme el frío, pero no es lo mismo acá que en la ciudad. El cemento tiene esa capacidad de bajarle unos grados a cualquier clima; de marcar distancias, de hacer todo gélido e impenetrable. De hacernos sentir más solos, más perdidos.  Un día gris en Buenos Aires es siempre una puesta a prueba de nuestras ganas de vivir.
Quizás ese era el frío que detestaba, confundiéndolo con el otro. Sí, me embola ponerme treinta cosas para salir, y andar todo el día con la nariz helada. Pero debo confesar: me encanta volver al calor de casa. Buscar sus pies por la noche, bajo kilos de frazadas, para calentar los míos. No es tan terrible el frío si hay con quien hacerle frente. 

Un rayo de sol me hace cerrar los ojos. Me acuerdo en este momento de ese día en que le pregunté cuál era el camino para ir hacia mis sueños. "Creer en vos y amar lo que hacés. Simplemente eso." Aquel día se me había presentado claramente una imagen, y supe que era ese el futuro que quería empezar a buscar, si bien no sabía aún cómo.

Lo observo ahora, de espaldas, bailando mientras la pava hace ruido de que se pasó el agua. Todos sus papeles, algunos escritos en lápiz, otros en tinta, se mezclan con garabatos y con mis libros. El sonido de las teclas sobre el fondo de tango le da un poco de curiosidad. Se acerca despacito, yo hago que no me doy cuenta, y cuando lee estas líneas se sonríe y hace un sonido como de tres jotas. Me da un beso en la cabeza y me recuerda que se me hace tarde.
Despierto a Milonga con unos mimos, esperando que no se enoje mucho. Y vuelvo a ver esa imagen que un día soñé, mis manos escribiendo, y el mar que entra por la ventana, en este día de invierno con sol.